La idealización de la barbarie

La literatura y el cine, la mayoría de las historias que consumimos, tienen un nexo común del que mucha gente no es consciente y que, incluso, influye drásticamente en sus condiciones de vida. Muchas de las historias que nos encantan y que vemos o leemos pueden suponer un problema para nuestra salud. Y es que, por desgracia, el tabaquismo y el alcoholismo ha sido romantizado en innumerables ocasiones: desde el libro sin fama de una editorial pequeña hasta la película más exitosa de Hollywood. En muchísimos tipos de entretenimiento, cuando tenemos las defensas más bajas, el tabaco y el alcohol, dos drogas, no solo aparecen como algo aceptable, sino como deseable. Aunque no se pueda afirmar, es probable que mucha gente se haya enganchado a diferentes sustancias debido a lo atractivas y maravillosas que son todas las historias que giran a su alrededor.

Escena de la película “La lista de Schindler” (Fotogramas.es)

Podría recitar infinitas obras en las que el alcohol y el tabaco son dos actores más y se tratan con naturalidad. Aquí hay un debate: si el alcohol y el tabaco son algo de uso tan cotidiano, ¿por qué no mostrarlo en la literatura? Al fin y al cabo, se trata de mostrar la realidad. Si la realidad es dura, la literatura debe de narrarlo. El problema es la constante idealización romántica de la borrachera y el atractivo del clásico hombre en blanco y negro con el cigarrillo en la boca. La fina línea entre descripción e idealización es tan fina que nadie podría colocarla de una manera objetiva.

Mucho se puede decir en torno a esto, pero el problema es real. Las nuevas generaciones, al igual que todas las anteriores, crecen observando como natural las sustancias nocivas. Cada vez más, los adolescentes se internan en el oscuro mundo del alcoholismo y el tabaquismo, con las consecuencias nefastas que eso acarrea para la salud. ¿Hasta qué punto las historias influyen en ello? Las películas de borracheras heroicas, los galanes y las damas fumando y bebiendo de una copa con sombrillita demostrando un estatus superior. Se ha normalizado como algo normal lo que mata a millones de personas. Es más: se considera glamouroso y sofisticado, de tener estilo.

El Gran Gatsby (pinterest.es)

No es fácil tratar este tema. Al final, las novelas, los cuentos y las películas deben contar y describir el mundo de su época. La gran pregunta aquí es hasta qué punto las películas crean la realidad y las modas y si, en realidad, las historias que consumimos crean el mundo y sus comportamientos, los malos y los buenos. Porque, de ser así, las historias más que crear la realidad la estarían deformando y provocando daño y sufrimiento en muchos jóvenes inocentes e influenciables.

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