La gloria de la vida

La guerra tiene consecuencias nefastas. Sin embargo, miles de poetas y autores han glorificado la lucha persiguiendo un sueño que creían cercano gracias a las armas. Fusil en mano, frente a cientos de enemigos, con la única ayuda de su coraje inacabable. Desde jóvenes se nos inculca que no hay nada más heroico que morir por unos ideales; que perecer en el intento de la consecución de una idea es noble. La larga vida que depararía al difunto si no fuera un necio cegado con fantasías queda en un segundo plano. Por desgracia, Miguel Hernández era consciente y lúcido, sabía por qué luchaba y la libertad era su meta. La guerra acabó con el magnífico poeta.

Miguel Hernández (infobae.com)

El poemario “Vientos del pueblo” de Miguel Hernández es caótico y bello. Muestra algo imposible y que no existe, pues nada bueno puede salir del belicismo. La belleza de sus letras permanece en el cerebro del que lo lee. Puede hasta hacer creer en la guerra como el modo de lograr objetivos de una manera sencilla. La juventud y todos los cuentos de batallas épicas enturbiaron sin duda su futuro. Cuando es inevitable luchar, como fue el caso, se debería soñar con acabar vivo y cuanto antes, no en destacar con grandes gestas.

El duro final de uno de los mejores poetas españoles de la historia, mi favorito, fue cruel y prematuro. Lo encarcelaron y torturaron, a la voz del pueblo y de la valentía. El problema es, como he dicho antes, esa constante repetición de la gloria en la muerte. Es algo que no existe y que, incluso hoy en día, convierte en fanáticos a muchos jóvenes.

Miguel Hernández no era ningún fanático. El poeta del pueblo luchaba por causas justas contra la amenaza que se cernía. A pesar de ello, de recordarlo como se merece, se debe tener cuidado en no embellecer lo que jamás se debería repetir: la guerra. Luchar por la libertad y la justicia no está exento de contradicciones, por desgracia.

Fragmento del poema “Vientos del pueblo”

Sus poemas son embaucadores e irrepetibles, de un alma joven, idealista y justa. Sus constantes alegatos por la libertad lo convierten en el poeta del pueblo cuando todo se vino abajo: en la guerra civil. Le tocó luchar y soñó con la gloria imposible de alcanzar en una guerra.

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