La dicotomía moral ante una muerte

Siempre me ha fascinado la figura de Winston Churchill. Lejos de coincidir con él en ideas, muchas veces he observado asombrado la figura casi mítica en la que lo han convertido las ficciones, ya sean películas y libros. Ya poco importa lo que hiciera en vida, pues Hollywood y demás creadores de sueños han establecido sus palabras y sus determinaciones.

El hombre de San Petersburgo

“El hombre de San Petersburgo” de Ken Follet es de las novelas que más fácil me ha sido leer en este último año. Atrapa desde sus primeras líneas con las historias de una familia noble con miedo a perder su estatus y con la de un anarquista salvándose siempre por poco de los ataques enemigos. Ambientada en el período pre-guerra, en el verano de 1914, se reflexiona largo y tendido sobre lo que, por desgracia, acarrean los enfrentamientos bélicos: muertes, mutilaciones, destrucción. La reflexión es una constante en la novela, donde los malos no son tan malos y, desde luego, los buenos no son tan buenos.

Pero, ante todo, esta novela es un canto al amor perdido que vuelve a atormentarnos años después. Lo que este libro demuestra es que, pese a todo lo que pueda cambiar una persona, los primeros amores, los locos adolescentes, siempre tienen un lugar reservado en las mentes maduras. Aunque ya no ames a esa persona, su recuerdo puede hacerte dudar y creer lo contrario.

Ken Follet (Wikipedia)

Feliks es un anarquista ruso al que se le encomienda una dificilísima tarea: evitar que Rusia se sume a Gran Bretaña en la gran guerra que se avecina contra Alemania. Un joven príncipe ruso, Aleks, acude a Londres para discutir los términos necesarios para el apoyo ruso a los ingleses. El maduro anarquista debe matar el príncipe para que se rompan las relaciones entre los dos países. Una muerte a cambio de salvar a miles, quizá millones, de jóvenes, pobres e inocentes rusos. La dicotomía moral que muestra la novela es clara, a pesar de que el protagonista apenas muestra misericordia alguna hacia su acaudalado compatriota. Ken Follet consigue mostrar muchos dolores, amores y desgracias humanas en esta dinámica y entretenida novela.

Comienzo de “El hombre de San Petersburgo”

Como he dicho antes, la novela se lee rápido debido a la atracción que tienen los personas y la prosa de Ken Follet. Su manera de escribir, sencilla pero correcta, no nos saca en ningún momento de la historia, lo cual es de agradecer. Recomiendo al cien por cien esta obra.

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