LOS MARGINADOS TIENEN SU NOVELA

John Kennedy Toole, un escritor marginado por la profesión en vida, creó de la nada una de las mejores y más absurdas historias del siglo XX. “La conjura de los necios”, la que él consideraba una obra maestra, le llevó a saborear las mieles de la fama y el reconocimiento una década después de haber fallecido. Se suicidó con 32 años, creyéndose un fracasado y sin haber conseguido colocar su novela en ninguna editorial. El fatal destino de Kennedy Toole es el final de “La conjura de los necios” aunque en la novela, obviamente, no se mencione nada. No se puede entender el significado de una novela como esta sin comprender el carácter depresivo de su autor. Durante sus hojas, “La conjura de los necios” nos va presentando cerca de una docena de personajes memorables, surrealistas y que, sin embargo, representan a la perfección la época en la que la escribió. Los años 60 en Estados Unidos, de los que tanto se ha escrito y hecho, encuentran su mejor recuerdo entre Ignatius, su madre y todos los que se cruzan en la vida de esta familia.

Ignatius J. Reilly, un obeso y tonto intelectual simboliza el absurdo en el que estaba sumido el mundo. Un fanático de la Edad Media que añora un rey absolutista que ponga orden en el mundo, un crítico insaciable del ocio moderno pero que disfruta más que nadie al criticarlo. Ignatius, cuyo perfil recuerda, en cierto modo, a Sheldon Cooper de la aclamada serie “The Big Bang Theory”, es un vago y repulsivo ser que vive de forma parasitaria en casa de su viuda y casi indigente madre. Un infortunio obligará a Ignatius a ganar un salario como el resto de personas cuerdas, o en su opinión alienadas, y a fingir que se integra en una sociedad que repudia y a la vez adora. Porque, aunque no lo reconozca, asiste como espectador al gran desarrollo producido en la década de 1960. Se cree experto en el mundo y desprecia al resto de seres por no ser igual de buenos que él. Sin embargo, jamás ha salido de su Nueva Orleans natal, salvo por un pequeño viaje que acabó en desastre. Ignatius es mucho más que un personaje curioso y gracioso; representa la desidia cotidiana que todos tenemos ante el mundo que nos rodea y que nos resistimos a dejar por miedo al vacío. Ignatius desea la soledad de su habitación para escribir la que, según él, será la obra del siglo XX. Por ello acepta de buen gusto trabajos con sueldo de miseria. Quiere sentir el siglo y la sociedad en sus propias carnes. Pero quizá no todo el mundo esté preparado para ser lo que la sociedad considera normal.

Portada clásica de la novela (casadellibro.com)

En los años 60 se produjeron grandes cambios. Hoy en día también se están produciendo ante nuestros ojos y es curioso observar que, pese a haber pasado tanto tiempo, lo que ocurre en la novela podría ser perfectamente un fresco de la sociedad moderna. Un personaje afroamericano, explotado por una jefa y perseguido por la policía simplemente por ser negro, nos recuerda lo poco que hemos avanzado en algunos temas y la actualidad que siguen teniendo ciertos aspectos del libro. Por otro lado, la senil octogenaria compañera de trabajo de Ignatius, al que confunde con una tal “Gloria”, a la que no dejan jubilarse, nos maravilla con su gracia y su odio a todo. La novela destila odio; al fin y al cabo, muchos de los personajes están algo al margen de la sociedad, empezando por el protagonista. Es una novela del mundo que los ojos de la televisión se niegan a ver pero que existe y sigue existiendo. Para las personas marginadas, “La conjura de los necios” bien podría ser su biografía.

Dibujo sobre “La conjura de los necios” (sacada de viviendoconcaos.blogspot.com)

Ignatius odia el cambio. Odia ver a su madre romper la jaula que se le impuso al nacer su único hijo; odia a una amiga suya de la universidad que vive de revolución en revolución intentando mejorar el mundo; odia a prácticamente toda persona que se le cruza porque no les entiende. Él no está hecho para un mundo cruel, no porque sea inocente sino porque nació diferente. Esta novela nos sirve para entender a los que nos adaptamos más o menos bien al mundo en el que hemos nacido a los que no lo logran. Miles de Ignatius Reilly intentan ver la realidad con sus prismáticos, creyendo que lograrán ver lo mismo que los demás. Los marginados, los que no tienen un refugio, un colectivo afín; todos ellos, en espíritu al menos, están representados en esta novela. Al igual que ellos, John Kennedy Toole se sentía un extraño con cosas que los demás veían normal.

La primera hoja es la más difícil de leer. La pereza que da puede hacer que no empecemos y más en pleno 2020 con tantos estímulos externos.

La primera parte de “La conjura de los necios”

Una vez escuchada la primera hoja ya se ha hecho lo más difícil. Al coger el libro puedes empezar por donde acaba el audio y concentrarte y avanzar en sus hojas, propiciando que te atrape con su humor. “La conjura de los necios” es una novela que se debe leer para comprender esa época y así poder entender lo que nos pasa hoy en día. El pasado nos marca en todos nuestros pasos.

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